El Café Central de Viena abrió sus puertas por primera vez en 1876 en la céntrica calle de Herrengasse. La cafetería con más historia de la capital austriaca se encuentra en el interior del Palais Ferstel, un edificio neorrenacentista denominado de esa manera en honor a su arquitecto, Heinrich von Ferstel.
A finales del siglo XIX el café se convirtió en el punto de encuentro de la intelectualidad de la capital del imperio austro-húngaro, especialmente de algunas de las figuras más destacadas de la literatura, el arte, la política y la ciencia. Así, en sus mesas pasaron incontables horas -acompañadas siempre de un café espresso- personajes como Arthur Schnitzler, Sigmund Freud, Peter Altenberg and Leo Trotzki.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el Café Central cerró sus puertas. Pero en 1975, y tras una profunda reforma del Palais Ferstel, volvió a abrir cambiando su ubicación del patio al interior del palacete. En 1986 sus salas fueron renovadas completamente respetando el estilo y la arquitectura original, permitiendo que el visitante realice un breve viaje a la Viena imperial al cruzar sus puertas y convirtiéndolo en una de las grandes atracciones turísticas de la capital austriaca.
